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martes, 3 de enero de 2012

Lo que Disney nunca nos contó de sus princesas...


Las historias de Disney, las de príncipes azules valerosos y luchadores y princesitas de cabellos dorados dulces como la miel... siempre terminaban con un final feliz.
Lo que nadie nos contó es lo que pasaba al bajar el telón y que saliera el "FIN".

Nada más despertar a la mañana siguiente, cuando la princesa y el príncipe se levantaran, la realidad podía haber cambiado enseguida, porque al fin y al cabo... ya no estábamos viéndoles y no tenían por qué fingir...

Que se lo digan a Blancanieves... Que se pasó todo el cuento encargándose de arreglar la casa de los 7 enanitos, de tenerlo todo listo y preparado para cuando ellos volvieran del trabajo. Que vaya esclava que era la pobre, todo siempre arreglado, precioso y perfecto y ella siempre con una sonrisa en la cara... con tal de que todos estuvieran contentos. Cuando encontró al príncipe que ella pensó que la sacaría de allí y decidió macharse con él, quizá pensó que las cosas iban a ser diferentes con un príncipe... pero la historia se siguió repitiendo, y Blancanieves se pasó la vida arreglando la casa del otro, criando churumbeles en lugar de enanos, amargada de no poder salir, mientras su maridito, que no quería dejar de ser el príncipe de su casa, tenía tooodas las comodidades al alcance de su mano. ¡Pobre Blancanieves! Dejar de ser esclava de 7 enanos para pasar a serlo de un comodón!


¿Y la Cenicienta? Nunca nos contaron qué pasó cuando ella y el príncipe se casaron, después de que consiguiera calzarse con todo el sufrimiento del mundo ese maldito zapato de cristal (que incómodo tiene que ser un rato) y hacer como que andaba perfectamente sobre su taconazo, todo con tal de ser la elegida... En cuanto se quitó los malditos zapatos, se puso una ropa cómoda, e intentó ser ella misma, el príncipe comenzó a buscar otras princesitas con las que irse de fiesta, porque... reconozcámoslo, al chico lo que le gustaba no era ella, sino su apariencia de perfección...
¡Pobre Cenicienta! Acabó alcoholizada yéndose de bares donde nunca más encontró ningún príncipe...



¿Qué pasó con La Bella?. La maravillosa Bella sí que era guapa. Era la más preciosa de todos los cuentos.

Qué más daba si él era una bestia inmunda... Los cuentos nos enseñan que por muy bestia que uno sea, siempre habrá una chica maravillosa y perfecta que lo deje todo por estar con él. Qué más da cómo fuera, pensara o se comportara ella... lo único importante de ella era su belleza.


Así, la pobre Bella fue viendo cómo todo el mundo la valoraba sólo por su aspecto... y por nada más. Pero el tiempo iba pasando, los años iban cambiando su aspecto y Bella iba envejeciendo... Tan presionada como estaba de tener que ser siempre "la más bella", y creyendo que eso era lo único que importaba, tuvo que entrar en quirófano una y otra y otra y oooootra vez... Todo con tal de que los demás la siguieran aceptando. ¡Pobre Bella! ¡Nunca se pudo dar cuenta de que lo más bonito de ella no estaba por fuera!


Siempre nos dijeron "que fueron felices y comieron perdices". Pero jamás nos contaron esta "continuación" de los cuentos...

Aceptémoslo. Ninguna de nosotras somos princesas. No podemos ser perfectas, maravillosas y eternamente bellas. No podemos ser siempre dulces, hacerlo todo por los demás y creer que vivimos en un cuento. No podemos quedarnos a esperar que ningún príncipe maravilloso nos salve.

Tampoco existen los príncipes. Podemos pasarnos la vida intentando encontrar al príncipe azul perfecto que nos colme de felicidad... que todo lo que vayamos besando por el camino serán simples ranas. Porque la perfección no existe.

Porque los príncipes y las princesas son "de cuento", ¡de mentira!, no de realidad.

Así que tú ¿qué prefieres buscar? ¿Un príncipe de mentira o un chico real?
¿Nos quedamos con el final que "nos venden", o intentamos que nuestros cuentos sean diferentes a estos?

1 comentario:

  1. Y qué razón tienes.
    Nunca se nos contó que la perfección no existe. Que no se puede pedir más de lo que se puede dar. Que ante todo somos personas a las que se nos debe un respeto y que no está mal ser servidora de los/as demás o intentar estar guapa, pero siempre y cuando seas tú la que lo elige.
    Que nadie elija por tí.
    Un saludo. Charo.

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