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martes, 17 de abril de 2012

INTERVENCION DEL EDUCADOR ANTE LOS MALOS TRATOS
 
Cuando los educadores tienen sospechas de malos tratos por parte de la familia del menor, en primer lugar, deben estar atentos a los indicadores que les confirmen las sospechas de maltrato, físico o psicológico, para ponerlo en conocimiento del equipo psicopedagógico del centro, del director y tutor del niño, y decidir qué intervención se va a realizar, si hablan con los padres/madres, si lo ponen en conocimiento de los expertos en malos tratos.


Se pueden seguir una serie de pautas que pueden ser útiles:

- Deben saber sobreponerse a los sentimientos de rechazo que les producen el descubrir que se está dando una situación de malos tratos.
- No deben dejarse llevar por los sentimientos, emociones y expectativas que tienen sobre el maltrato.
- No juzgar sino ayudar al niño y a su familia. No expresar desaprobación hacia su padre o madre, hacia el/la menor o hacia la situación. Más bien, la familia debe conocer que cuentan con el apoyo de los educadores y del equipo psicopedagógico del centro.
- Asumir su responsabilidad en el cuidado de los menores.
- Procurar el adecuado desarrollo psicológico, emocional y físico de los niños, estando obligados no sólo por razones sociales, éticas y deontológicas, sino también legales, a atender a todo niño del que se sospeche que pueda sufrir maltrato.
- Los niños siempre son víctimas, nunca la causa de los malos tratos que sufren a manos de sus padres y madres. Tranquilizarle si en algún momento se llegan a sentir culpables y/o responsables de lo que les está ocurriendo.
- Tratar de tener una entrevista con el niño o la niña, utilizando un lenguaje que pueda comprender, escuchándole con atención y tomándonos en serio lo que nos está contando. Ofrecerle nuestro apoyo, comprensión y ayuda.
- Registrar por escrito lo que el niño nos ha contado. Lo ideal sería grabarle, pero al tratarse de un menor, pueden penalizarnos si grabamos una conversación con él sin el consentimiento del padre o de la madre.
 
En aquellos casos en los que tenemos garantías de que el maltrato no es grave o se ha producido de forma puntual, puede solucionarse el caso desde el mismo centro escolar, desde el equipo psicopedagógico, tratando de analizar y modificar las circunstancias que provocaron el maltrato.

Por el contrario, si tenemos certeza de que los malos tratos son reiterados y graves, normalmente no pueden abordarse exclusivamente desde el contexto educativo, por lo que necesitamos seguir por alguna de las siguientes vías:

a) Vía judicial: dirigirse a un juzgado, comisaría o fiscalía de menores. El denunciante debe identificarse.
b) Vía administrativa: dirigirse a los servicios sociales de base y ponerlo en conocimiento del trabajador social o comunicarlo a las Secciones de Protección a la Infancia.
c) Vía comunitaria: acudir a las asociaciones especializadas en malos tratos a menores, o en general, y poner en conocimiento nuestras sospechas, esto permite reservar la identidad del denunciante, ya que es la propia asociación o entidad la que denuncia ante las autoridades. La ventaja es que desde estas asociaciones suele hacerse un seguimiento de cada caso, lo que no excluye al resto de los contextos implicados de realizarlo igualmente.
 

 

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